
Siempre he querido y creído mostrarme tal y como soy. Sin reservas, sin secretos, sin misterios. Demostrarme y demostrar a los demás que ESA es la única forma de poder vivir plenamente, de aprovechar al máximo cualquier situación con la que nos encontremos.
Por eso siempre, desde la reservada pasividad que rige mi alma, he intentado abrir mi interior para dar a conocer lo que hay en él. Aunque fuera de una forma indirecta, necesitando la interacción de tan sólo una persona más.
Pero hace poco descubrí algo que cambió todo esto. Hace poco tuve el placer de conocerme algo más. Hace poco alguien me habló sobre mi.
Y me mostró que, por más empeño que le pusiera, siempre seguía habiendo algo oculto en mi. Incluso con las personas con las que no debo (ni tengo por qué) mantener ningún secreto.
<<¿Qué es eso que no quiero mostrar?>>
<<¡No hay nada!>>
Ayer obtuve la respuesta. Es imposible conocer a los demás.
Siempre; seamos como seamos, pensemos como pensemos y nos mostremos como nos mostremos, habrá algo en lo más hondo de nuestro océano de sensaciones que permanezca oculto incluso cuando se tenga el más leve atisbo de su existencia, pues saber qué se esconde en ese cofre revelaría todos los misterios sobre nuestra persona, y eso acabaría con nuestra vida.
No... claro que no. Pero a veces, preferimos pensar eso para no tener que ver como, cada vez que nos parece conocer un poquito más a los demás, nos damos cuenta de que seguimos estando en la orilla, o incluso, que sólo podemos ver una isla rodeada de niebla. Pues el interior: los bosques, los valles, los lagos... siempre nos estarán vedados. Porque lo que nos hace ser lo que realmente somos es ese trocito de tierra que guardamos para nosotros mismos, sin darnos cuenta. Creamos, inconscientemente, nuestro espacio propio, el único en el que podemos ser auténticamente nosotros.
Y comprendí que, para conocerse a uno mismo, basta con saber que en ese espacio hay una robleda, un lago y tal vez un barrizal. Pero no importa ni su tamaño, ni las hectáreas arboladas, ni la dureza de las aguas. Sólo que existen, pues todo eso deberán decírnoslo los demás, siempre y cuando sean capaces de verlo desde la orilla y a través de la niebla.
5 personitas escribieron:
nada mal, la verdad.
Estoy de acuerdo en que la plenitud de nuestra vida radica entre otras cosas en la autenticidad del individuo, de ser uno mismo. Nuestra historia está llena de lugares sin descubrir, rutas sin explorar y multitud de secretos. Nosotros, como individuos, no íbamos a ser una excepción y por eso cada uno de nosotros por muy "uno mismo" que seamos siempre tendremos algún secreto oculto, como un as que no guardamos debajo de la manga, con el fin de mantener un poco el misterio, porque no queremos que nos hagan daño, porque aún no sabemos que lo tenemos...etc...
Está bien ser uno mismo, aceptarse y quererse a uno mismo... pero siempre estará ese puntillo misterioso que nos hace auténticos...
Ojalá llegue el día en que logre acabar ese espacio para mi misma en el cual pueda acampar a mis anchas sin miedo a qúe me juzguen, a los prejuicios y akl qué dirán.
Elia
olé para Elia :)
gracias!! Perdonádme las faltas ortográficas y las abreviaciones :)
A veces te das cuenta de la simplicidad que te rodea... Y da mucha rabia verlo...
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