Cuando en ti ya no queda más que un vago recuerdo.
Cuando sientes que cada gota de sangre se te escapa lentamente, hasta quedar vacío.
Cuando la propia muerte te arranca un trozo de tu alma, desgarrándote la garganta.
Cuando tus ojos se secan, y sólo queda polvo por llorar.
Cuando tienes valor suficiente para aceptar que eres un cobarde.
Cuando tus temores se hacen realidad.
Cuando tu mayor tormento irrumpe en tu monotonía.
Es entonces, y sólo entonces, cuando puedes sentirte realmente vivo. Aunque seas una máquina rota.
Ése es un buen motivo para sonreír.
viernes, 27 de noviembre de 2009
domingo, 1 de noviembre de 2009
La mecánica humana tras la crónica de una muerte anunciada.
Conozco de primera mano millones de historias trágicas. Millones de desgracias que me rodean diariamente. Espeluznantes relatos vividos en primera persona. Tristes despedidas y amargos finales.
A uno le corroe el alma ver como sus seres queridos son los protagonistas de estos momentos.
Pero a mi no.
Sin embargo, ayer, una de estas historias hizo añicos mi ser. La historia de alguien a quien ni siquiera conozco y cuyo final no fue más lúgubre que el de los que ya conocía. Ayer sentí tristeza, algo que siempre había confundido con la frustración y el dolor. Ayer hice algo que no hacía desde hace tres años.

Ayer lloré. Lloré por una desconocida.
A uno le corroe el alma ver como sus seres queridos son los protagonistas de estos momentos.
Pero a mi no.
Sin embargo, ayer, una de estas historias hizo añicos mi ser. La historia de alguien a quien ni siquiera conozco y cuyo final no fue más lúgubre que el de los que ya conocía. Ayer sentí tristeza, algo que siempre había confundido con la frustración y el dolor. Ayer hice algo que no hacía desde hace tres años.

Ayer lloré. Lloré por una desconocida.
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