viernes, 25 de septiembre de 2009

La mecánica humana, Vol. 2: Revelaciones de un muñeco de arena.


... pero la llave no entraba, y entonces surgió la desesperación.
Destrozó el picaporte y, utilizando sus hombros a modo de ariete, logró entrar. No recordaba haber comprado ese paragüero. Se acercó a la cocina para dejar las bolsas de la compra. Buscó su abrecartas con el que cortar los envoltorios de su nuevo cuchillo multiusos, pero no estaba en su sitio. Miró en el primer cajón de la derecha tres veces... ni rastro.
Mareado y confuso, se sentó un instante, contemplando las cenefas de la cocina. Pero se sentía incómodo, ya iba siendo hora de renovar aquéllas desgastadas sillas. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Entonces recordó dónde lo había utilizado por última vez y se dirigió a su estudio. Y cuando abrió la segunda puerta a la izquierda del piso de arriba quedó perplejo por lo que tenía ante sí...




Se había equivocado de casa.

martes, 15 de septiembre de 2009

La mecánica humana, Vol. 1

... y se deshizo en millones de pedazos. De su alma sólo quedaba aquélla parte que realmente le pertenecía. Pero nadie supo dónde encontrarla. Y así, sumergida en el caos de su propia creación, en el pozo sin retorno que había construido con total dedicación, resurgió de nuevo con una esperanza infundada, sin motivación alguna. Pues ese es su destino: resurgir de sus restos con la convicción de ver un nuevo mañana, para después volver a caer en el mismo yerro.
Y eso le gustaba.
Tal vez fuera lo que deseaba. Tal vez anhelara ver como, lentamente, su piel se desgarraba ante cada desliz, su lengua se bifurcaba un poco más a cada palabra y su pelo se volvía lacio y mustio.
Tal vez jamás se dio cuenta de ello. Y tal vez sea incapaz, pues es imposible analizar la vida de uno cuando éste ya está muerto.

Qué bello es vivir sin tener que eternizar una farsa.