
Es curioso que la nada sea la fuerza de todo esto, nuestra fuerza, el todo. Es curioso descubrir que es la nada la que te mueve, la que aguarda tras el telón, la que espera en el andén. Es curioso ver como la nada es la única que da una respuesta a tus dudas.
Y es reconfortante saber que jamás me equivoqué de casa, que siempre supe lo que hacía y que era consciente de ello; que seguía adelante, adaptándome a las nuevas circunstancias pues lo necesitaba, necesitaba una sola aprobación. Ahora sé que lo único que necesito es el conocimiento de la nada.
Ahora sé que no es amor, es el efecto casimir.
¿Triste? Tal vez. Pero, ¿por qué tanta importancia a tal atracción cuando el detonante de ésta vuelve a ser lo mismo: nada?
Ahora sé que la vida no está hecha para esperar a que pase la tormenta, sino para aprender a bailar bajo la lluvia.
